NOTAS DE ÚLTIMO MOMENTO

LA VIRGINIDAD Y YO (NO LEAS ESTO, MAMÁ)

Por Mariana Valenzuela

@bichiporlavida

 

Nunca he entendido el sentido de la palabra “virginidad”. Siempre me ha parecido de lo más arcaica y pointless. Crecí en una familia católica, estoy bautizada y todo. Mi mamá me dijo algunas veces cuando yo era pequeña, que debía llegar virgen al matrimonio porque si no el hombre no me iba a querer. Pero desde chiquita supe que no iba a haber manera; entregaría mi tesorito mucho antes de casarme. A los 16, según yo.

Es que nunca comprendí el concepto “Virgen”. O sea, ¿como la Virgen María o qué? Porque si es así, pues menos me hace click. Yo quisiera saber cómo la sociedad pretende que personas como yo, cero religiosas, con mucha inclinación por el contacto físico y sin nada de llenadera, nos metamos en la cabeza la idea de ver el sexo como algo malo. Porque así es la cosa: según muchos, tener relacione sexuales con alguien antes de casarte con esa persona, “perder la virginidad”, automáticamente nos vuelve personas indeseables, sucias, fáciles. Como si estrenar el tesorito cuando se nos dé la regalada gana, fuera motivo de degradación como ser humano o alguna exageración parecida.

Opino todo lo contrario. Creo que una persona que vive el sexo de manera responsable y lo disfruta como se debe, es un ser feliz, relajado y mucho más consciente de las bondades de la vida y sobre todo de su propio cuerpo. Por eso no entiendo la importancia que muchos le dan a la virginidad. En mi opinión pocas cosas hablan tan bien de alguien como que sepa qué le gusta y qué no, en todos los sentidos; que tenga poder de decisión basado en autoconocimiento en vez de ser un ente de esos que se dejan llevar por la corriente y no defienden sus propios intereses.

Hablando de saber qué nos gusta, ahí les va mi historia. Creía que iba a dejar de ser virgen a los 16. Eso lo decía a los 12, 13 años. Así de grande era mi gusto por la fregadera. Después fui creciendo y conociendo cada vez más bondades de la vida, pues. No tenía relaciones sexuales a los 16, pero sí vivía la gozadera. Así seguí hasta los 20 años. Bueno, la verdad no me acuerdo si a los 20 o a los 19, pero me mantuve sin relaciones sexuales varios añitos. No fue por guardarme para el indicado, ni porque fuera pecado, ni por ninguna de esas razones raras. Fue más bien cuestión de autocontrol porque pues era chiquita y tenía una educación medio tradicional.

Para continuar hablando de mi caso, les cuento que otra cosa que me da muchísima risa de nuestra sociedad y su concepto de la virginidad, es cómo se ha idealizado “la primera vez”. Me parece de lo más ridículo que se tenga la idea de que la primera vez que tengamos relaciones sexuales debe ser en una noche romántica, perfectamente planeada, llena de amor y detalles cursis. Ya saben; pétalos de rosa, música melosa, velitas y así. Eso nos pintan en las películas, telenovelas, series, libros y pláticas de madre a hija. Bullshit. Mi primera vez fue con un hombre que se me hizo tan guapo y tan interesante, que cuando lo vi dije “quiero que sea con él” y punto. Sin velas, ni flores, ni nada de eso, pero con muchas ganas. Era como cinco años mayor que yo (no me acuerdo bien, de verdad, porque fue equis en la vida) y fue de lo más tierno conmigo porque ya le había contado que nunca antes había tenido relaciones sexuales. Y fue así: pum, pum y ya. Me dolió horrible y le dije que mejor ya no. Nos abrazamos y nos dormimos. Había cariño, respeto y diversión, pero no éramos los amores de nuestras vidas. Y está bien. Y es bonito (tenía que poner esa frase en algún pedazo de este escrito porque me fascina). Así perdí mi virginidad y no me arrepiento para nada porque para mí esa palabra pues equis. Qué bonito quienes sí planean todo el momento y lo hacen de lo más lindo, pero no creo que sea necesario tanto show.

Con el tiempo he aprendido que un punto muy a favor para no hacerle caso a eso de permanecer vírgenes, es la experiencia. Prefiero mil veces alguien que sepa lo que hace, en especial en el plano sexual. Sí, es bonito experimentar en pareja y aprender juntos, pero todo es mucho más fácil y rico si al menos uno de los dos tiene idea de cómo menearlo más sabroso. Es un eterno ganar-ganar. De hecho, una vez un niño que quería muchísimo me despreció por ser virgen. Para muchos, ser “el primero” de una niña, es un paquete muy grande que no se quieren echar al hombro. Se vale, no tiene nada de malo, pero qué gachos. Por eso digo que es mejor si ya sabes a lo que te vas. Es como cuando bailas; es mejor si tu pareja de baile medio le sabe al meneo, porque si no, bailar puede ser muy complicado y hasta incómodo. Sin embargo, todos alguna vez somos esa persona que no sabe bailar y alguien tiene que enseñarnos. Igualito pasa con el sexo.

Al final cada quien hace de su vida (por no decir “de su culo”) un papalote, pero no me parece justo que se juzgue a la gente que decide estrenar su tesorito cuando le da su regalada gana. Si vivimos en un mundo libre, no veo la necesidad de guardarnos las ganas hasta que nos casemos. Estamos en pleno Siglo XXI, en la era del internet, las protestas y demás, pero el sexo sigue siendo un tabú. Que alguien me explique.

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