NOTAS DE ÚLTIMO MOMENTO

¡ALERTA! TAPATÍA SUELTA POR LA ROMA Y LA CONDESA.

cLAUDIA LAZCANO

 

 

 

No, no se asusten, no muerdo. Tampoco robo, ni asalto. Sólo ando de exploradora por la ciudad más grande del mundo, dejando que mis sentidos por primera vez comiencen a comparar todo lo que ven, huelen, escuchan o sienten con lo que ya han vivido antes. Porque, no podemos negar que lo primero que hacemos al conocer algo nuevo es ir corriendo a tratar de compararlo con algo que ya tengamos archivado en el cerebro. La neta.

Entonces… sí, a mis 23 años, es la primera vez que visito DF con toda la libertad de andar por la calle caminando, deteniéndome, entrando a donde se me antoja, tomando taxis, comiendo en dónde me parezca menos insalubre, etc. Ya sé, fue un poco tarde, pero creo que lo que me hizo disfrutarlo aún más fue tomar mi papel de chilanga y sentirme parte de la ciudad. Por los primeros 3 días decidí adoptar un modus vivendi de capitalina, para dejar a la turista hasta el final.

Mi mejor amiga fue la cómplice del viaje y nos quedamos en el departamento de otra amiga que vive en el corazón de La Roma. La tarea era fácil: movernos a conocer la zona, sin necesitar de la que en verdad estaba viviendo ahí, pues ella trabaja y por lo menos por los primeros días no podría, estar llevándonos y trayéndonos. Lo único con lo que contábamos era el GPS del iPhone y algunas direcciones a las que por recomendación debíamos acudir.

La aventura comenzó y debo admitir que me la viví sorprendida. Los edificios con apariencias muy viejas, pero con lugares muy modernos y que se veían muy cómodos para pasar la tarde de cafecito con las amigas, para desayunar o para ir a romancear en un date. La cantidad innumerable de lugares “Pet Friendly” que existe es increíble, ah porque esa es otra, la gran mayoría de las personas que pude ver caminar por estas colonias (Roma y Condesa) salen a pasear a todas horas del día con sus perritos –grandes, chicos, uno, dos, cinco. No importa- O sea en Guadalajara sí se ve eso, pero definitivamente en la Ciudad de México la gente con sus mascotas por la calle se multiplica como el triple; por lo tanto, es elemental que los restaurantes o cafés permitan el paso a estos amiguitos de la sociedad chilanga.

Un día mientras, evidentemente caminábamos por La Condesa, el hambre se hizo presente y comenzamos a poner más atención en los lugares que había a nuestro paso para saber dónde comeríamos. Que si comida argentina, que si tortas -no lonches, tortas-, que si tacos al pastor con harta piña, que si quesadillas que obligadamente se tienen que pedir con queso, que si comida vegana, bueno, el mundo de posibilidades era infinito. Sin embargo quien se robó nuestra atención desde que lo vimos a lo lejos fue un lugar llamado Bacán.

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Me voy a permitir platicarles un mucho de este restaurante, porque en serio, vale la pena y porque me dejó maravillada de principio a fin. Decidimos entrar y fue la mejor elección que pudimos hacer, porque desde el momento en que llegas con la hostess el servicio es muy bueno, la decoración tanto de la terraza como del interior del restaurante es lindísima, cómoda y muy muy fresca. Nosotros optamos por quedarnos en la terraza por eso del calor y pedimos una margarita para ponernos ad hoc. ¿Entradas, cremas, plato fuerte y postre? ¡Va! Merecíamos consentir al paladar y le dimos vuelo a la hilacha.

“Bacán dicho de una persona: refinada, de trato amistoso y agradable, muy atractivo y popular, elegante afecto al lujo y al buen vivir. Dicho de una cosa: que proporciona bienestar, excelente, fuera de lo común”. Esas eran las primeras palabras que te encontrabas al abrir la carta y hacía que inmediatamente pensaras “claro, todo hace click con lo que el nombre significa”. Palomita para ellos. Tengo que confesarles que yo normalmente soy muy picky para probar cosas nuevas, culinariamente hablando. Me dan miedo los nuevos sabores y prefiero lo ya conocido, pero pues ya estábamos en el mood del descubrimiento entonces no me puse payasita y le entré a lo que viniera.

¿De entradas, unas tostaditas de lomo de atún servidas en pan pita y un pulpo a las brasas? ¡Venga! Para la crema… ¿una de tomate asado de esas que sirven en pan campesino? Ufff, ¡cómo no! La decisión importante, el plato fuerte… ¿Atún sellado con costra de ajonjolí, un asado de tira –que por cierto, olía increíble- y para sentirnos healthy, vegetales a la parrilla? ¡Sin dudarlo! Y mi parte favorita, el postre… un crocante de chocolate para mí, por adicta a la engordadez y un envuelto de manzana para mi BFF. No pueden imaginarse el manjar que disfrutamos, de verdad que cada vez que el platillo llegaba me quedaba con una cara de ¡WOW! Por las presentaciones tan atractivas y obviamente, el sazón de toda la comida. Yo me siento con el deber ético y moral de pasarles el dato, que si alguien visita el DF, es un MUST que se den una vuelta a Bacán y vean de lo que les estoy hablando. Aparte, nos comentaron que los jueves tienen las “Bacanights” en donde una DJ está tocando en la terraza y el ambiente se pone ideal para precopear con tus amigos antes de salir de fiesta.

13277223_LB0r7TN16-L6311ycFCP4EQSXWfH_oTFHonLrua8by0Y hablando de fiesta, los lugares que pudimos conocer en estas zonas fueron de lo más variado. Desde un lugar llamado “La Pulcata”: un edificio de 4 niveles en donde la cumbia, el metal, y un restaurante se distribuían por pisos y la bebida principal era el pulque de sabores: cacahuate, apio, plátano con chocolate, naranja y guanábana. Todos sabían feito. Un bar súper ameno y sí, medio fresa, llamado “La Pata Negra”, es un lugar de dos pisos en dónde, según lo que entendí porque no subimos, es que en la parte de arriba es un ambiente dónde hay salsa y música latina para echar baile y en la parte de abajo es más tranquilo para platicar y tomarse unas cervezas. También pudimos conocer una pulqería (todo es mezcal y pulque en DF, o sea ¿qué pedo?) llamada La Bonita, ahí venden también antojitos y todo muy rico. De ahí nos trasladamos al último lugar de fiesta que pudimos conocer llamado Rhodesia, con música muy del estilo de lo que aquí era Dirty Harry. Lleno de extranjeros y de chavitos como de 19 años, muy fresas.

La verdad es que no nos podemos quejar, en los pocos días que tuvimos la oportunidad de estar allá, conocimos lugares variaditos, vimos diferentes tipos de gente y pudimos descubrir un lifestyle fuera de lo que la rutina de Guadalajara nos tiene acostumbradas. Creo que es justo eso lo que hace tan rico viajar, salir de tu zona de confort y encontrarte con otras formas en que la gente hace su día a día. Más lento, más rápido. Más caótico o más calmado. Más amable o más hostil. En fin, el chiste es disfrutar, conocer y aprender para que a la hora de regresar a tu hábitat “nadie te quite lo bailado”.
Espero que las recomendaciones que les hice, les sirvan para su próxima visita a DF y que si ya las conocían me platiquen su punto de vista. También estaría cool que me digan qué más debería conocer para cuando vuelva, que espero sea pronto.

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